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domingo, 16 de enero de 2011

Los girasoles ciegos

Los girasoles ciegos es un libro de cuentos. Cuatro cuentos cortos o historias que, de alguna manera, entrelazan la composición literaria. Su autor los define como "cuatro derrotas", historias de vencidos en los años inmediatos al final de la Guerra Civil, historias de horror y desolación en las que se ahonda en las razones de la derrota. Los protagonistas de las narraciones son seres derrotados, vencidos por una guerra cruel, injusta, desigual, humillante. Es una obra sencilla, realista, llena de sensibilidad y cargada de simbolismo.
El primer cuento narra la historia del capitán Carlos Alegría que la víspera de la entrada del ejército fascista en Madrid se pasa del bando nacional al republicano, como 'rendido', provocando la estupefacción e incredulidad en ambos bandos a medida que razona y justifica sus motivos.
El segundo relato cuenta, a través de un diario íntimo, la historia de un joven poeta que huye de los vencedores hacia las montañas del norte junto a su mujer a punto de dar a luz. Ninguno de los tres sobrevivirá.
La tercera historia nos habla del soldado repubicano Juan Serna, encarcelado y a la espera de que el tribunal militar le condene a muerte. Prolongará sus últimos días creando una ficción intencionada sobre la muerte del hijo del coronel Eymar, presidente del tribunal militar que le condenará.
El cuarto y último cuento, que da título a la obra, habla de Ricardo, que se oculta en su propia casa de los vencedores. La actitud de un diácono, el hermano Salvador, profesor de su hijo y acosador de su mujer, llevará a su familia a la derrota final.

Los cuentos de Antonio Méndez están llenos de una intensa sensibilidad. Me han provocado un fuerte sentimiento de pena, tristeza, angustia, dolor y desolación mientras los leía. Después, cuando me posiciono ante las historias narradas surgen otros sentimientos diferentes: rabia, ira, cólera. Finalmente, como historiador, tras el análisis de los hechos históricos, de todos conocidos, queda un poso de impotencia y frustración.
Sin duda, una obra excelente, magistral.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Cinco horas con Mario

Esta novela, publicada en 1966, se enmarca dentro del proceso de renovación formal de la novela que se desarrolló en nuestro pais a lo largo de los años 60. Por un lado contrasta con la obra anterior de Delibes, tradicional en cuanto a la forma narrativa y por otro, refuerza la postura crítica y de denuncia, característica del novelista.
El contenido es muy sencillo: se trata de un largo soliloquio, en el que una mujer, Carmen, representante de la clase media-baja durante el franquismo de postguerra, le reprocha a su marido Mario (catedrático de instituto y comprometido periodista e intelectual), muerto repentinamente y al que está velando en una habitación de su casa, su fracaso matrimonial, su frustración personal. A través de los recuerdos de su vida, en muchos aspectos, insatisfactoria vida en común, Delibes recrea la España provinciana de la época, los problemas de la falta de comunicación en el matrimonio, así como el conflicto de las "dos Españas".
La novela consta de un prólogo, veintisiete capítulos numerados, que comienzan con una cita de la Biblia, que la protagonista malinterpreta y un epílogo. El espacio se ha reducido: una habitación de una casa, en una ciudad provinciana de la España de postguerra; y el tiempo también: veintisiete años de vida matrimonial en cinco horas.
Llama la atención en esta novela el lenguaje: léxico vulgar, imprecisión, reiteración, tópicos, comodines, frases hechas, elipsis, anacolutos, concordancias equivocadas etc. la técnica narrativa: el monólogo interior, un aspecto esencial en la renovación de las técnicas narrativas de los años 60, esa constante segunda persona del discurso, que increpa, que se obsesiona, que hace las más caprichosas asociaciones.
Valor fundamental de esta obra es que a través de una pequeña historia de infidelidad, de sentimiento de culpa, Delibes nos hace un maravilloso retrato de los valores morales de la sociedad franquista a través de las ideas de Carmen, sobre el sexo, el dinero, el matrimonio, la religión, la diferencia de clases etc.

jueves, 16 de diciembre de 2010

BERNARDO ATXAGA


Para conocer este autor, lo mejor es consultar su página web, sin mas. Allí encontraremos una amplia información sobre su vida, su obra, los galardones recibidos, la difusión de sus escritos, etc. Podeis acceder a ella directamente desde el siguiente enlace:

http://www.atxaga.org/

Pero me ha parecido muy revelador, para entender las razones mas íntimas y personales que le han llevado a convertirse en un escritor en lengua vasca, el poema que aparece a continuación, incluido en su último libro de poemas "Nueva Etiopía", y que intencionadamente aparece colocado al comienzo de su biografía en su web, redactada por Mari Jose Olaziregi.

Escribo en una lengua extraña

Escribo en una lengua extraña. Sus verbos,
la estructura de sus oraciones de relativo,
las palabras con que designa las cosas antiguas
-los ríos, las plantas, los pájaros-
no tienen hermanas en ningún otro lugar de la Tierra.
Casa se dice etxe; abeja erle; muerte heriotz.
El sol de los largos inviernos, eguzki o eki:
el sol de las suaves y lluviosas primaveras,
también eguzki o eki, como es natural;
Es una lengua extraña, pero no tanto.

Nacida, dicen, en la época de los megalitos
sobrevivió, lengua terca, retirándose,
ocultándose como un erizo en este lugar
que ahora, gracias precisamente a ella,
muchos llamamos País Vasco o Euskal Herria.
Sin embargo, su aislamiento no fue absoluto:
gato es katu; pipa es pipa; lógica es logika.
Como concluiría el príncipe de los detectives,
el erizo, querido Watson, salió de su madriguera
y visitó muchos lugares, y sobre todo Roma.

Lengua de una nación diminuta,
lengua de un país que no se ve en el mapa,
nunca pisó los jardines de la Corte
ni el mármol de los edificios de gobierno;
no produjo, en cuatro siglos, más que un centenar de libros:
el primero en 1545; el más importante en 1643;
el Nuevo Testamento, calvinista, en 1571;
La Biblia completa, católica, allá por 1860.
El sueño fue largo, la biblioteca breve;
Pero, en el siglo veinte, el erizo despertó.

(Bernardo Atxaga, Nueva Etiopía, El Europeo, 1996)